Vilma Cuellar, buruvicha cuña (autoridad de mujeres) de la Organización de Mujeres Indígenas Guaraní 16 de Marzo, habla sobre liderazgo femenino, equidad de género y los desafíos de su comunidad.

Vilma Cuellar es una de las voces que impulsa el liderazgo de las mujeres indígenas guaraní en su comunidad. Como buruvicha cuña —autoridad tradicional de mujeres— de la Organización de Mujeres Indígenas Guaraní 16 de Marzo, trabaja para que más mujeres ocupen espacios de decisión y se preparen para asumir cargos públicos. Conversamos con ella sobre su trayectoria, su inspiración y sus sueños para el futuro de su comunidad.

¿Quién es usted y qué rol cumple en su comunidad?

Soy Vilma Cuellar, buruvicha cuña de la Organización de Mujeres Indígenas Guaraní 16 de Marzo. Soy líder de acá de la comunidad.

¿Cuál es su visión como líder?

Tengo la visión de poder hacer que las mujeres sean líderes en un futuro, en uno de estos años, para que ellas puedan decidir, liderizar la comunidad y participar en talleres como el que estamos llevando ahora con Zenamit, para que hagan valer sus derechos.

¿Qué busca para las mujeres que quieran ser funcionarias públicas?

Que sepan dónde están metiéndose, pero que entren ya sabiendo y siendo líderes autonómicas. A mí me gusta opinar, y por eso decidí llegar a estar donde estoy ahora: para dar a conocer cuáles son las necesidades de nosotras como mujeres. Antes acá se veía gobernar más a los varones, pero ahora ya vamos con equidad de género: mujer, hombre, mujer y hombre.

¿Cómo enfrenta los obstáculos y las críticas en su camino como líder?

No importa el obstáculo. Hay personas que no te van a querer y personas que sí te van a apoyar. Yo más bien rescato a las personas que me quieren, porque cuando hablan de ti es para que te fortalezcas más, no para que te eches a llorar.

¿De dónde viene su inspiración para liderar?

Mi inspiración fue mi madre, Marta Gutiérrez. Siempre la vi como una mujer a la que le gusta superarse. Ella salió bachiller con casi 60 años; fue mi inspiración total. Me enseñó cómo podemos ser líderes, no solo de una comunidad, sino también liderizarnos a nosotras mismas, liderizar a nuestra familia y a nuestro entorno. Por eso dije: yo quiero ser como ella.

¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta la comunidad?

El problema más grande es no poder hablar, no poder opinar, y esconderse detrás de las redes sociales para recién ahí opinar. A mí me gusta que dentro de una asamblea se dialogue, se escuche y se discuta lo que va a ser de beneficio para todos los comunarios, del mayor al menor y del menor al mayor, donde todos tengamos nuestros derechos y cumplamos nuestros deberes.

¿Qué pasa con la participación de los jóvenes?

Esa es una dificultad muy grande: los jóvenes no son participativos en las reuniones, están muy alejados. Como comunidad indígena, eso no debería existir. Por eso estoy formando un grupo de jóvenes con quienes comparto mis ideas y ellos me apoyan. De a poco los voy alineando a nuestra cultura y ya veo resultados. Incluso lo incorporé a nuestro concejal de San Julián, para que él también comparta sus ideas con ellos.

¿Por qué es importante incentivar a los jóvenes?

Hay que incentivarlos, pero con el propósito de que también sean líderes, que propongan sus ideas. Yo voy juntando esas ideas y las doy a conocer. Sé que en el futuro los voy a ver a ellos aquí dentro de la comunidad, sirviendo a la comunidad.

¿Cómo se imagina su comunidad de aquí a cinco años?

Me gustaría ver las calles bien bonitas y una casa de cultura donde estén nuestras vestimentas y todo lo que somos como guaraní, un espacio donde los jóvenes expongan su creatividad para que no se pierdan nuestra cultura ni nuestro idioma. Me encantaría una plaza bien hecha, con nuestros símbolos como comunidad indígena, un buen colegio y un buen centro de salud. Sé que va a costar un poco, pero nada es imposible.