Equidad y sororidad: principios que fortalecen la vida comunitaria
Por: Mariela Melgar Ibañez – Responsable de género de la Asamblea del Pueblo Guaraní Yaku-Igua
Para las mujeres indígenas, la equidad no es solamente una palabra; es una práctica construida desde la vida comunitaria, la lucha colectiva y el reconocimiento de nuestros derechos. Aunque este concepto no siempre existe dentro de nuestros idiomas originarios, sí ha estado presente en la forma en que nuestros pueblos han convivido históricamente.
Las mujeres indígenas hemos enfrentado discriminación, violencia y exclusión durante muchos años. Sin embargo, gracias a la lucha de nuestros ancestros, de nuestras madres y de las organizaciones indígenas, hoy seguimos reivindicando nuestro derecho a participar, decidir y vivir sin discriminación. Esta lucha continúa y también será sostenida por nuestras hijas y nietas.
En muchas comunidades, las decisiones importantes eran tomadas en pareja, mostrando que tanto mujeres como hombres tienen responsabilidades y capacidades dentro de la vida comunitaria. La equidad nace justamente de ese reconocimiento mutuo y del respeto hacia el aporte de cada persona en el territorio.
Junto a la equidad también camina la sororidad, entendida como el apoyo, la empatía y la colaboración entre mujeres. En los pueblos indígenas, el trabajo colectivo y el acompañamiento siempre han sido parte de nuestra convivencia. Las lideresas acompañan a mujeres que atraviesan situaciones de violencia, discriminación o vulnerabilidad, fortaleciendo redes de apoyo dentro de las comunidades.
La sororidad es una enseñanza heredada por nuestras abuelas y madres. Es el principio que nos recuerda que ninguna mujer debe enfrentar sola las dificultades. Mantener viva esta práctica significa fortalecer la unidad, el cuidado mutuo y la defensa colectiva de los derechos de las mujeres indígenas y de nuestros pueblos.