Por: Rosa Pachurí, presidenta de la Organización Regional de Mujeres Chiquitanas

Para los pueblos indígenas, la naturaleza no es un recurso ni un objeto que se puede explotar sin límites. La naturaleza es vida, es memoria y es el espacio donde convivimos desde nuestros ancestros. Por eso, para las mujeres indígenas, proteger la naturaleza significa también proteger nuestra existencia, nuestra cultura y el futuro de nuestras comunidades.

Desde generaciones antiguas hemos aprendido a vivir en equilibrio con el territorio. La naturaleza ha sido nuestra aliada: nos alimenta, nos brinda salud y sostiene nuestras formas de vida. En nuestros territorios no solamente cuidamos los árboles; también protegemos a los animales, las aves, las plantas medicinales, las plantas frutales y toda la biodiversidad que forma parte de lo que llamamos nuestra casa grande.

Las mujeres indígenas tenemos una relación cotidiana con la naturaleza. Somos quienes transmitimos conocimientos sobre las plantas medicinales, quienes enseñamos el cuidado del agua, quienes preservamos saberes sobre alimentos, semillas, artesanías y formas de convivencia con el bosque. Por eso nuestra defensa del territorio también nace desde el cuidado y la protección de la vida.

La protección de la naturaleza no es solamente una responsabilidad ambiental; es una forma de garantizar la continuidad de nuestros pueblos. Todo lo que existe dentro del territorio está conectado: el bosque, el agua, los animales y las personas. Cuando se destruye la naturaleza, también se ponen en riesgo nuestras comunidades y nuestras formas de vivir.

Hoy, frente a las amenazas que enfrentan los territorios indígenas, las mujeres seguimos firmes en la defensa de nuestra madre naturaleza. Lo hacemos porque sabemos que cuidar la naturaleza es cuidar la vida misma. Y porque, así como nos enseñaron nuestros ancestros, seguimos conviviendo con ella día a día, con respeto, equilibrio y responsabilidad.